viernes 25 de enero de 2008

Viaje a Francia I: el inicio (enero 2007)


DIARIO DE A BORDO (MADRID DESTINO PARÍS/ST.QUINTIN)

Día 1 de enero: salida desde Madrid (a las 16:30) y, después de unas cuantas paradas para repostar, tomar cafés/tés, comer, estirar las piernas, etc., llegada a Burdeos (a las 23 h). Recorrido nocturno por la ciudad para buscar un techo bajo el que dormir.

Día 2 de enero: Día muuuuy intenso. Lo comenzamos con paseo por Burdeos por la mañana con sus respectivas fotos (y estrenando -y aprendiendo a controlar- la cámara digital, que todo hay que decirlo).











Salida hacia París y parada en Blois, un lugar con mucha historia (llegó a ser capital del reino de Francia) y que mereció la pena conocer. Ya la primera vista que se tiene del pueblo desde el otro lado del Loira es prometedora (foto de la izquierda). La foto del centro es el puente que hay que cruzar para entrar en el pueblo.








Entramos en el famoso Château de Blois, un palacio renacentista construido por el rey Luis XII y en donde se encuentra la monumental y atípica escalera de caracol de la que se dice pudo ser diseñada por Leonardo Da Vinci.





Después de comer algo, retomamos la carretera para continuar hacia St. Quintin. Tuvimos que aguantar un monumental atasco en plena hora punta en el extrarradio de París y decidimos desviarnos por una carretera nacional.







Al pasar por Noyon nos llamó la atención la iglesia y bajamos para hacer unas fotos rápidas más que nada por el frío que hacía, que pelaba.




Ya, por fin, llegamos al hotel Florence de St. Quintin, donde cenamos con un hambre canina unos kebabs que compramos en el único bar abierto en 1.000 km a la redonda a esas horas intempestivas de la noche.

Día 3 de enero: saber que estás a unos pocos kilómetros de una de las ciudades más bonitas del mundo es aliciente suficiente para salir disparado hacia París sin pensártelo dos veces, y eso fue lo que hicimos en cuanto llenamos la panza con el estupendo desayuno del hotel.


Cuando llegamos a París, decidimos que lo mejor era dejar el coche en un barrio alejado del centro y ya movernos en metro. Nuestra primera escala fue ir a ver la torre Eiffel y esta fue la primera vista que tuvimos de la ciudad en cuanto llegamos a la estación.





Entonces salimos del metro y nos encontramos de lleno con la torre. Los pelillos se nos pusieron como escarpias.



Como buenos guiris, aguantamos pacientemente la larga fila de humanos apostados en una de las "patas" y conseguimos introducirnos en las entrañas del monstruo de hierro, que nos devoró durante unas cuantas horas de alucine panorámico (que mostraré en el próximo capítulo).




Cuando estábamos en la cola era de día (foto izq.); cuando llegamos a la taquilla era de noche (foto der.)... y a pesar de todo, manteníamos la sonrisa.




FIN DE LA PRIMERA PARTE (continuará...)